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quinta-feira, 24 de fevereiro de 2011

Pedro y Inés de Castro: un amor infinito







Pedro y Inés de Castro: un amor infinito
Inés de Castro: Reyna después de muerta

Cuando en el año 1.320 nace en la comarca gallega de A Limia una niña a la que le ponen de nombre Inés de Castro nadie podía imaginar que entraría en la historia, años más tarde, como la mujer que reinó después de muerta, ni que sería la protagonista de una de la más bella historia de amor que se pueda conocer.

Hija natural de Pedro Fernández de Castro y Aldonza Soares de Valladares, emparentada con la familia real castellana queda huérfana de madre siendo muy niña por lo que es llevada a Valladolid, en concreto al castillo de Peñafiel, donde creció en compañía de Constanza Manuel, la que más tarde sería su rival.

Suponemos una niñez normal de la época, donde la mujer solía morir joven como consecuencia de las infecciones producidas por la falta de higiene en los partos, y dentro del contexto de persona favorecida por su emparentamiento con la realeza, pese a ser hija natural, cuestión esta no demasiado anormal entonces y casi reconocida socialmente. Criada para servir de amiga de juegos de una futura gran dama y educada para desenvolverse en una corte donde la pasión y el poder son los alicientes de todos los días.

Efectivamente, su señora Constanza Manuel contrae matrimonio con Pedro I de Portugal, llamado El Justiciero, en el año 1.341 y al poco tiempo éste mismo rey hace su amante a una de las damas de compañía de su esposa, la cual no es otra que Inés de Castro. Estamos seguro que esto no habría trascendido más allá del ámbito domestico si no se hubiera producido la muerte de Constanza en el año 1.345 tras dar a luz a su hijo Fernando.

Pero queremos hacer en primer lugar una semblanza de cada actor de este artículo para que el lector no se pierda dentro de la maraña de intrigas y personajes que fueron de importancia capital en esta historia.

Constanza Manuel nace en 1.318, siendo dos años mayor que nuestra biografiada, hija del escritor e infante D. Juan Manuel es destinada a cubrir las ambiciones de su padre ya que la intentan casar a la edad de ocho años con el rey castellano Alfonso XI. Más tarde, y esta vez con éxito, casa con el príncipe heredero de Portugal al que da tres hijos: María en el año 1.342 la que sobre vive quince años, Luis que nace en 1.943 y que sólo vivió ocho días y Fernando en el año 1.345 y que si llegó a ser rey.

Pedro I de Portugal que nace en el año 1.329 y muere en 1.367, tras años de una monarquía que para la época nos parece muy interesante, ya que limitó el poder de la nobleza y el clero apoyando las primeras Cortes, la llamada Cortes de Elva en el año 1.361 donde tienen cabida los gobiernos de las ciudades, fomentando la construcción naval y protegiendo el comercio.

Alfonso IV, rey de Portugal y padre de Pedro, vivió entre los años 1.325 y 1.357, cuyo reinado se caracterizó por su enemistad y guerras contra Castilla las cuales terminaron en el año 1.339 donde ambas coronas se aliaron para combatir al verdadero enemigo, los musulmanes, y que llevo a la victoria de la batalla del río Salado.

Ya dentro de los personajes más importantes de nuestra historia nos proponemos seguir con ella sin intentar deslindar cuanto hay de real y cuanto de leyenda, lo cual lo dejamos a criterio del lector.

La relación de concubinato entre Pedro I e Inés de Castro ponía en peligro la corona de Alfonso IV ya que tras Inés estaban sus hermanos, aliados de Castilla, lo cual unido a los tres hijos naturales que tuvo con Pedro I, Beatriz, Juan y Dionís, más otro que murió tras pocos mes de vida, eran un peligro para la sucesión deseada por el rey si se materializaba y regularizaba la unión de los amantes ya que la rama de los Castro serían los herederos castellanos de la corona portuguesa. Con la aprobación de la corte el rey decretó su muerte, para lo cual se designaron a tres caballeros que serían los ejecutores de la sentencia, sus nombres eran GonÇalvez, Coello y Pacheco. Aquí hacemos un alto para intentar meditar las complicidades y silencios en esta sentencia, ya que nos resulta difícil pensar que tanto Pedro como los allegados a Inés no supieran nada y que nadie intercediera ante este crimen de estado. Los amantes estaba retirados en una de las mas bellas ciudades de Portugal, Coimbra, en la llamada La Quinta das Lagrimas y hasta allí fueron sus verdugos para acuchillarla. Lo que no sabía el rey era que los amantes se habían casado en secreto un año antes oficiando la ceremonia el obispo de Guarda.

Se dice de Inés de Castro que era bellísima, de esbelto cuerpo, ojos claros y cuello de cisne o como dicen los portugueses 'colho da garÇa'.

Tras el asesinato de Inés, Pedro se alzó contra su padre y acaudilló un levantamiento popular que sumió a Portugal en una larga guerra civil que terminó poco antes de ser coronado tras la muerte de Alfonso IV en el año 1.357. Los ejecutores de la muerte de su amada fueron ajusticiados, excepción hecha de Pacheco, que huyó a la corte papal del Anignon. Pedro proclamó su matrimonio, lo que hizo que las Cortes de Cantahede la coronaran como reina . En el 1.360 mandó desenterrarla e hizo que el pueblo le rindiera pleitesía para posteriormente enterrarla definitivamente en el monasterio de Santa María de AlcobaÇa, siendo el propio rey el que dirigió las obras para la construcción del mausoleo, siendo una de las obras maestras del gótico portugués.

Pedro mandó construir su panteón frente al de Inés, no en paralelo como cabía esperar, si no enfentados por los pies porque quería que el día de la resurrección al incorporarse poder ver lo primero a su amada.

Una bella historia de amor para no olvidar.





Palácio da Pena (Sintra) - Portugal





El Palacio Nacional de la Pluma (en portugués Palácio Nacional da Pena) fue una de las principales residencias de la familia real portuguesa durante el siglo XIX y a la vez constituye una de las máximas expresiones del estilo romántico del siglo XIX en Portugal. Se encuentra en la freguesia de São Pedro de Penaferrim en la cidad de Sintra. El palacio fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1995.

Historia


Fue el príncipe Fernando II de Portugal, esposo de la reina María II de Portugal, quien ordenó la construcción del palacio de la Peña en 1836. El príncipe, católico de origen alemán, se enamoró de la zona de Sintra en una excursión que realizó junto a su esposa. En esta excursión, la pareja real pudo contemplar las ruinas de un antiguo monasterio devastado a raíz del terremoto de 1755. El monasterio había sido de los frailes jerónimos y fue construido, originariamente, por el rey Juan II y transformado, de forma substancial, por el rey Manuel I que, cumpliendo una promesa, ordenó la reconstrucción del monasterio en honor de Nossa Senhora da Pena, la Madre de Dios de la Peña (Palácio da Pena quiere decir precisamente «palacio de la Peña», en referencia a su situación sobre un cerro escarpado), y lo donó a la orden de San Jerónimo.

Con el terremoto de 1755, la capital portuguesa y toda el área que la rodea quedó muy malograda. Dentro de esta área se encontraba la zona de Sintra y el mencionado monasterio. Estas ruinas únicamente conservaban intacta la capilla con un magnífico retablo de alabastro atribuido a Nicolás Chanterenne. Fernando de Sajonia (Fernando II) adquirió el monasterio en 1838 y, junto con este, la enorme propiedad de la montaña de Sintra, dentro de la cual se encontraban diversas villas o el llamado Castillo de los Moros (Castelo dos Mouros).

La reconstrucción fue lenta y costosa, pero finalmente se convirtió en un recinto exuberante en el cual se pueden contemplar diferentes estilos que van desde el neogótico hasta al neoislámico, pasando por el neorenacimiento y una visión pseudomanuelina que convierten el espacio en un ambiente claramente exótico. Además, en las vertientes de la montaña se construyó un magnífico parque inglés que, junto con el palacio, se convirtió en un icono de la arquitectura portuguesa.

Pronto se adaptó el palacio como residencia de verano de la familia real. Numerosas colecciones reales se trasladaron al palacio y a la vez se crearon ricos ornamentos, que fueron desde los célebres estucados hasta las paredes pintadas al óleo. Por todo esto, la Unesco declaró Sintra como Patrimonio de la Humanidad.

In http://es.wikipedia.org/wiki/Palacio_da_Pena







terça-feira, 15 de fevereiro de 2011

Castillo de Almourol (Portugal)



Almourol

No se sabe con precisión cuál es el origen del nombre de Almourol, lo que hace difícil saber su significado. La propia grafía del nombre ha sufrido variaciones a lo largo del tiempo: Almoriol, Almorol, Almourel, Almuriel.

La teoría más aceptada que este nombre provendría de la palabra árabe almoran que significa "roca alta", lo que correspondería totalmente con la situación del castillo de Almourol, que se eleva a 18m del suelo sobre un imponente bloque de granito.

Construido sobre una verdadera pequeña isla del Tajo, entre Vila Nova da Barquinha y Praia do Ribatejo, el castillo de Almourol es, sin duda, una de las más bellas y más originales fortalezas que existen en Portugal. Mide 310 metros de largo, 75 metros de ancho y 18 metros de alto en su punto más elevado.

Las excavaciones arqueológicas realizadas en el interior y en el exterior del recinto han permitido encontrar varios objetos del periodo romano (monedas) y también de la Edad Media (medallas). Incluso parece ser que antes de la invasión romana, los lusitanos ya habían construido un pequeño castillo en esta isla. Éste fue tomado por los Romanos, luego por otros grupos, como los Alanos, los Visigodos y los Moros.

El castillo de Almourol fue reconquistado a los Moros durante la Reconquista portuguesa, bajo el reinado de Alfonso I. Constituyó un punto neurálgico de la zona del Tajo, en el tiempo de la Reconquista, por descontado, pero también en lo sucesivo, para el control del comercio del aceite, del trigo, de la carne de cerdo, de la fruta y de la madera entre las diferentes regiones del territorio y Lisboa.

Esta posición estratégica fue sin duda una de las razones por la que el monarca confió este castillo a la Orden del Temple. En efecto, después de la batalla victoriosa de Santarem, el Rey había confiado a Gualdim Paris la misión de elaborar un cinturón defensivo al rededor de la abadía de Alcobaça, ofrecida a San Bernardo de Claraval. Por su posición, el castillo de Almourol podría constituir un elemento importante de este dispositivo.

Entre 1160 y 1171, poco después de la construcción del castillo de Tomar, Gualdim Pais emprendió la reconstrucción del de Amourol, conforme a la arquitectura templaria, presente también en los castillos de Idanha, de Monsanto, de Pombal, y de Tomar, contemporáneos de éste.

Con el avance de la Reconquista en el sur del país y después de la extinción de la Orden del Temple, durante el reinado de Dionisio I, la estructura perdió poco a poco su importancia.

Nombrado Monumento Nacional de Portugal por Decreto el 16 de junio de 1910, se le hicieron nuevas restauraciones entre 1940 y 1950. En la actualidad, es propiedad del Ministerio de Defensa Nacional y se encarga de su mantenimiento la Escuela Práctica de Ingeniería de Tancos.

Leyenda

Un señor árabe, por entonces propietario del castillo de Almourol, fue traicionado por un caballero cristiano de quien su hija se había encaprichado y a quien ésta le contó los secretos de entrada al castillo por un túnel bajo el Tajo.

El caballero utilizó esta información para montar una emboscada y sitiar el castillo. Pero el emir y su hija prefirieron lanzarse desde lo alto de las torres del castillo antes que ser capturados.

in Historia de Portugal, www.viagensnotempo.com
Fotos by
Pedro Alcobia da Cruz


segunda-feira, 30 de agosto de 2010

Castillo de los Mouros (arabes) - Sintra (Portugal)







Ciudad de TOMAR

Ciudad de TOMAR

Tomar es una ciudad portuguesa perteneciente al Distrito de Santarém, región Centro y subregión de Médio Tejo. Pertencia antiguamente a la antigua provincia do Ribatejo.
Es sede de un municipio con 350,47 km² de área y 43 007 habitantes (2001), subdividido en 16 freguesias.
La ciudad está atravesada por el río Nabão, que es a su vez un afluente de río Zêzere. Se sitúa en una de las regiones más fértiles de Portugal.
El turismo es en la actualidad una de las actividades de primera importancia. Las visitas se centran en el Convento de Cristo, principal monumento de la ciudad que fue Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1983.

Monumentos

• Castelo de Tomar
• Convento de Cristo
• Aqueduto dos Pegões
• Museo Fernando Lopes-Graça
• Iglesia de São João Baptista
• Iglesia Santa Maria del Olival




Convento de Cristo

El Convento de Cristo, en Tomar, perteneció a la Orden del Temple y es uno de los principales monumentos de la arquitectura portuguesa.


Fundado en 1162 por el Gran Maestre del Temple en Portugal, don Gualdim Pais el Convento de Cristo aún conserva recuerdos de esos monjes caballeros y de sus herederos en su cargo, la Orden de Cristo, que hicieron de este edificio su sede. Bajo el Infante D. Henrique el Navegante, Maestre de la orden desde 1418, fueron construidos el claustros entre la girola y la fortaleza de los Templarios, pero las mayores modificaciones se ejecutan en el reinado de Juan III de Portugal (1529-1557). Arquitectos como João de Castilho y Diogo de Arruda procuraran expresar el poder de la Orden construyendo la iglesia que alcanzarán su máximo esplendor en la portada principal firmada por Juan de Castillo y las dos ventanas de la fachada occidental, la inferior de Diego de Arruda y la superior de Castillo, y los claustros , dos de ellos góticos y seis en estilo renacentista de diseño de Juan de Castillo.
Se trata de una construcción periurbana, implantada en lo alto de una elevación que domina la planicie donde se extiende la ciudad. Está circundado por las murallas del Castillo de Tomar.

La Charola

El núcleo del monasterio es la charola del siglo XII, el Oratório dos Templários. Como en otros de sus templos, se basa en la Rotunda do Santo Sepulcro (Iglesia del Santo Sepulcro) de Jerusalén, adaptada por el Infante D. Henrique. En 1356, Tomar paso a ser la sede de la Orden de Cristo en Portugal, y la decoración de la Girola refleja la riqueza de la Orden. Las pinturas y los frescos ( casi enteramente escenas bíblicas del siglo XVI) y la estatuaria dorada sobre la cúpula bizantina, fueron cuidadosamente restauradas. Cuando fue construida la iglesia manuelina, esta permaneció unida a la Charola por una arcada.
La Charola, poligonal, es el centro del conjunto de edificaciones, culminandolas visualmente. Al norte e al este están la Sacristía, los claustros del Cemitério y de la Lavagem, las ruinas de los Paços, las Enfermarias y también la Sala dos Cavaleiros y la Botica.


Al oeste, la iglesia, los claustros y las dependencias conventuales. Al norte está la Portaria Real, entre el cuerpo de las Enfermarias y Hospedaria. La fachada sur está realzada por la arquería del Aqueduto dos Pegões, apoyada en una plataforma rústica, que corresponde al cuerpo del Claustro dos Corvos, Dormitórios y Claustro de D. João III.


segunda-feira, 31 de agosto de 2009

Batalla de Aljubarrota






Introducción

Al final del siglo XIV, Europa se encontraba en medio de una época de crisis y revolución. La Guerra de los Cien Años devastaba Francia, epidemias de peste negra se llevaban vidas en todo el continente, la inestabilidad política dominaba y Portugal no era una excepción.

El 22 de octubre de 1383 moría el rey Fernando I de Portugal sin hijos varones que heredasen la corona. Su única hija era la infanta doña Beatriz que había casado con Juan I de Castilla, quien de inmediato reclamó sus derechos sobre el trono portugués, mientras la reina madre, Leonor Téllez, asumía la regencia. La burguesía se mostraba insatisfecha con la regencia de la reina doña Leonor Teles y de su favorito, el conde Andeiro. La proclamación de Beatriz y Juan I como reyes de Portugal provocó una violenta reacción en los medios nobiliarios y burgueses lusitanos, ya que se temía que la unión dinástica desembocara en una anexión efectiva de Portugal por el rey castellano. A principios de diciembre de 1383 estalló la primera insurrección popular en Lisboa contra los nuevos reyes. El conde Andeiro fue muerto y el pueblo pidió al maestre de la Orden de Avis, hijo natural de Pedro I de Portugal, que fuese regente y defendiera del país.

El periodo de interregno que siguió es conocido como la crisis de 1383-1385. Finalmente el 6 de abril de 1385, don Juan, maestre de la Orden de Avis, es aclamado rey por las Cortes reunidas en Coímbra. Pero el rey de Castilla no renunció a su derecho a la corona portuguesa, que le venía por su casamiento. En junio invade Portugal al frente de su ejército, auxiliado por un contingente de caballería francesa.

La disposición de las huestes portuguesas

Cuando las noticias de la invasión llegaron, Juan I de Portugal se encontraba en Tomar, en compañía de Nuno Álvares Pereira, condestable del reino, y de su ejército. La decisión, tomada tras algunas dudas iniciales, fue enfrentarse a los castellanos antes de que pudiesen llegar a Lisboa.

Con sus aliados ingleses, el ejército portugués interceptó al ejército castellano en Leiria. Dada la lentitud con que los castellanos avanzaban, Nuno Álvares Pereira tuvo tiempo para escoger un terreno favorable para la batalla, asistido por los expertos ingleses. La opción recayó sobre una pequeña colina de cima plana rodeada por riachuelos, cerca de Aljubarrota. Hacia las 10 de la mañana del 14 de agosto, el ejército tomó posiciones en la vertiente norte de la colina, de frente a la carretera por dónde los castellanos eran esperados. Siguiendo el mismo plan de otras batallas del siglo XIV (Crécy y Poitiers son buenos ejemplos), las disposiciones portuguesas fueron las siguientes: caballería desmontada e infantería en el centro de la línea rodeadas por los flancos de arqueros ingleses, protegidos por obstáculos naturales (en este caso ríos). En la retaguardia, aguardaban los refuerzos mandados por Juan I de Portugal en persona. En esta posición, altamente defensiva, los portugueses esperaron la llegada del ejército castellano protegidos por la vertiente de la colina.

La llegada de los castellanos

La vanguardia del ejército castellano llegó al teatro de la batalla al mediodía, bajo el sol inmisericorde de agosto. Al ver la posición defensiva ocupada por lo que ellos consideraban rebeldes, el rey de Castilla tomó la acertada decisión de evitar el combate en estos términos. Lentamente, debido a los 30.000 soldados que constituían sus efectivos, el ejército castellano comenzó a rodear la colina por el camino del lado del sol naciente. Las patrullas castellanas habían verificado que la vertiente sur de la colina tenía un desnivel más suave y era por ahí por donde pretendían atacar.

En respuesta a ese movimiento, el ejército portugués invirtió su disposición y se dirigió a la vertiente sur. Ya que estaban en inferioridad numérica y tenían un camino más corto que recorrer, el contingente portugués alcanzó su posición final al inicio de la tarde. Para evitar nerviosismos y mantener la moral elevada, Nuno Álvares Pereira ordenó la construcción de un conjunto de trincheras y cuevas en frente de la línea de infantería. Esta táctica defensiva, muy típica de los ejércitos ingleses, fue tal vez una sugerencia de los aliados británicos presentes sobre el terreno.

Hacia las seis de la tarde, los castellanos estaban preparados para la batalla. De acuerdo con el registro escrito por el rey de Castilla tras la batalla, sus soldados estaban bastante cansados tras un día de marcha en condiciones de mucho calor. Pero no había tiempo para volver atrás y la batalla comenzó.

La batalla

La iniciativa de comenzar la batalla partió de Castilla, con una típica carga de la caballería francesa: a toda a brida y con fuerza, para romper la línea de infantería adversaria. Mas, tal como sucedió en la batalla de Crécy, los arqueros ingleses colocados en los flancos y el sistema de trincheras hicieron la mayor parte del trabajo. Mucho antes de ni siquiera entrar en contacto con la infantería portuguesa, la caballería ya se encontraba desorganizada y confusa, dado el miedo de los caballos a avanzar por terreno irregular y la eficacia de la lluvia de flechas que caía sobre ellos. Las bajas de la caballería fueron grandes y el efecto del ataque nulo. La retaguardia castellana demoró en prestar auxilio y en consecuencia, los caballeros que no murieron fueron hechos prisioneros.

Tras este percance, la restante, pero substancial parte del ejército castellano entró en la contienda. Su línea era bastante extensa, por el gran número de soldados. Al avanzar en dirección a los portugueses, los castellanos fueron forzados a desorganizar sus propias líneas para caber en el espacio situado entre los dos ríos. En cuanto los castellanos estuvieron desorganizados, los portugueses redispusieron sus fuerzas dividiendo la vanguardia de Nuno Álvares en dos sectores, para afrontar la nueva amenaza. Viendo que lo peor todavía estaba por llegar, Juan I de Portugal ordenó la retirada de los arqueros y el avance de la retaguardia a través del espacio abierto en la línea de frente. Fue en ese momento en que los portugueses tuvieron que llamar a todos los hombres y se tomó la decisión de ejecutar a todos los prisioneros franceses.

Atrapados entre los flancos portugueses y la retaguardia avanzada, los castellanos lucharon desesperadamente por la victoria. En esta fase de la batalla, las bajas fueron muy grandes por ambos lados, principalmente del lado castellano y en flanco izquierdo portugués, recordado con el nombre Ala de los enamorados. A la puesta del sol, la posición de los castellanos ya era indefendible y con el día perdido, Juan I de Castilla ordenó la retirada. Los castellanos se retiraron en desbandada del campo de batalla. Los soldados y el pueblo de los alrededores seguían el desenlace y no dudaron en matar a los fugitivos.

De la persecución popular surgió una tradición portuguesa en torno a la batalla: una mujer, de nombre Brites de Almeida, recordada como la Panadera de Aljubarrota, muy fuerte y con seis dedos en cada mano, emboscó y mató con sus propias manos a muchos castellanos en fuga. Esta historia no es más que una leyenda popular, pero la masacre que siguió a la batalla es histórica.

El día siguiente

En la mañana del 15 de agosto, la magnitud de la derrota sufrida por los castellanos quedaba patente: los cadáveres eran tantos que llegaron a interrumpir el curso de los ríos que flanqueaban la colina.

Las pérdidas humanas fueron cuantiosas, muchos de los caídos, como Pedro González de Mendoza, Señor de Hita y Buitrago, Juan Téllez de Castilla, Señor de Aguilar de Campoo, o Diego Gómez Manrique, Señor de Amusco y Treviño, pertenecían al más alto escalafón social y nobiliario, lo que causó luto en Castilla hasta 1387.

La caballería francesa sufrió en Aljubarrota una derrota más en contra de tácticas defensivas de infantería, tras Crécy y Poitiers. La batalla de Azincourt, ya en el siglo XV, mostró que Aljubarrota no fue el último ejemplo.

Con esta victoria, Juan I se convirtió en rey indiscutido de Portugal, el primero de la casa de Avis. Para celebrar la victoria y agradecer el auxilio divino que creía haber recibido, Juan I de Portugal mandó erigir el monasterio de Santa María de la Victoria (monasterio de Batalla) y fundar la villa de Batalla (Batalha).

Bibliografía

• A.H. de Oliveira Marques, Historia de Portugal, vol. 1, Lisboa, Presença, 1997
• Fernão Lopes, Crónica de D. João I, vol. 1, s.l., Civilização, imp. 1994.
• João Gouveia Monteiro, Aljubarrota: 1385: a batalha real, Lisboa, Tribuna da História, imp. 2003