terça-feira, 8 de setembro de 2009

Táctica y estratégia - Mario Benedetti (Uruguay)






Táctica y estratégia

Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos

mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible

mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos

mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
no haya telón
ni abismos

mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple
mi estrategia es
que un día cualquiera
mo sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites
.




segunda-feira, 7 de setembro de 2009

César Vallejo - (Perú)





Absoluta

Color de ropa antigua. Un julio a sombra,
y un agosto recién segado. Y una
mano de agua que injertó en el pino
resinoso de un tedio malas frutas.

Ahora que has anclado, oscura ropa,
tornas rociada de un suntuoso olor
a tiempo, a abreviación... Y he cantado
el proclive festín que se volcó.

Mas ¿no puedes, Señor, contra la muerte,
contra el límite, contra lo que acaba?
¡Ay, la llaga en color de ropa antigua,
cómo se entreabre y huele a miel quemada!

¡Oh unidad excelsa! ¡Oh lo que es uno
por todos!
¡Amor contra el espacio y contra el tiempo!
Un latido único de corazón;
un solo ritmo: ¡Dios!

Y al encogerse de hombros los linderos
en un bronco desdén irreductible,
hay un riego de sierpes
en la doncella plenitud del 1.
¡Una arruga, una sombra



Amor prohibido

Subes centelleante de labios y de ojeras!
Por tus venas subo, como un can herido
que busca el refugio de blandas aceras.

Amor, en el mundo tú eres un pecado!
Mi beso en la punta chispeante del cuerno
del diablo; mi beso que es credo sagrado!

Espíritu en el horópter que pasa
¡puro en su blasfemia!
¡el corazón que engendra al cerebro!
que pasa hacia el tuyo, por mi barro triste.
¡Platónico estambre
que existe en el cáliz donde tu alma existe!
¿Algún penitente silencio siniestro?
¿Tú acaso lo escuchas? Inocente flor!
... Y saber que donde no hay un Padrenuestro,
el Amor es un Cristo pecador!



Capitulación

Anoche, unos abriles granas capitularon
ante mis mayos desarmados de juventud;
los marfiles histéricos de su beso me hallaron
muerto; y en un suspiro de amor los enjaulé.

Espiga extraña, dócil. Sus ojos me asediaron
una tarde amaranto que dije un canto a sus
cantos; y anoche, en medio de los brindis, me hablaron
las dos lenguas de sus senos abrasadas de sed.

Pobre trigueña aquella; pobres sus armas; pobres
sus velas cremas que iban al tope en las salobres
espumas de un mar muerto. Vencedora y vencida,

se quedó pensativa y ojerosa y granate.
Yo me partí de aurora. Y desde aquel combate,
de noche entran dos sierpes esclavas a mi vida.

¡Cuídate, España, de tu propia España!

¡Cuídate, España, de tu propia España!
¡Cuídate de la hoz sin el martillo,
cuídate del martillo sin la hoz!
¡Cuídate de la víctima a pesar suyo,
del verdugo a pesar suyo
y del indiferente a pesar suyo!
¡Cuídate del que, antes de que cante el gallo,
negárate tres veces,
y del que te negó, después, tres veces!
¡Cuídate de las calaveras sin las tibias,
y de las tibias sin las calaveras!
¡Cuídate de los nuevos poderosos!
¡Cuídate del que come tus cadáveres,
del que devora muertos a tus vivos!
¡Cuídate del leal ciento por ciento!
¡Cuídate del cielo más acá del aire
y cuídate del aire más allá del cielo!
¡Cuídate de los que te aman!
¡Cuídate de tus héroes!
¡Cuídate de tus muertos!
¡Cuídate de la República!
¡Cuídate del futuro!...



Deshora

Pureza amada, que mis ojos nunca
llegaron a gozar. ¡Pureza absurda!

Yo sé que estabas en la carne un día,
cuando yo hilaba aún mi embrión de vida.
Pureza en falda neutra de colegio;
y leche azul dentro del trigo tierno
a la tarde de lluvia, cuando el alma
ha roto su puñal en retirada,
cuando ha cuajado en no sé qué probeta
sin contenido una insolente piedra,
cuando hay gente contenta; y cuando lloran
párpados ciegos en purpúreas bordas.

Oh, pureza que nunca ni un recado
me dejaste, al partir el triste barro,
ni una migaja de tu voz; ni un nervio
de tu convite heroico de luceros.

Alejaos de mí, buenas maldades,
dulces bocas picantes...

Yo la recuerdo al veros ¡oh mujeres!
Pues de la vida, en la perenne tarde,
nació muy poco ¡pero mucho muere!



El poeta a su amada

Amada, en esta noche tú te has crucificado
sobre los dos maderos curvados de mi beso;
y tu pena me ha dicho que Jesús ha llorado,
y que hay un viernes santo más dulce que ese beso.

En esta noche clara que tanto me has mirado,
la Muerte ha estado alegre y ha cantado en su hueso.
En esta noche de setiembre se ha oficiado
mi segunda caída y el más humano beso.

Amada, moriremos los dos juntos, muy juntos;
se irá secando a pausas nuestra excelsa amargura;
y habrán tocado a sombra nuestros labios difuntos.

Y ya no habrá reproches en tus ojos benditos;
ni volveré a ofenderte. Y en una sepultura
los dos nos dormiremos, como dos hermanitos.


En el rincón aquel, donde dormimos juntos...

En el rincón aquel, donde dormimos juntos
tantas noches, ahora me he sentado
a caminar. La cuja de los novios difuntos
fue sacada, o talvez que habrá pasado.

Has venido temprano a otros asuntos
y ya no estás. Es el rincón
donde a tu lado, leí una noche,
entre tus tiernos puntos
un cuento de Daudet. Es el rincón
amado. No lo equivoques.

Me he puesto a recordar los días
de verano idos, tu entrar y salir,
poca y harta y pálida por los cuartos.

En esta noche pluviosa,
ya lejos de ambos dos, salto de pronto...
Son dos puertas abriéndose cerrándose,
dos puertas que al viento van y vienen
sombra a sombra.

Intensidad y altura

Quiero escribir, pero me sale espuma,
Quiero decir muchísimo y me atollo;
No hay cifra hablada que no sea suma,
No hay pirámide escrita, sin cogollo.
Quiero escribir, pero me siento puma;
Quiero laurearme, pero me encebollo.
No hay toz hablada, que no llegue a bruma,
No hay dios ni hijo de dios, sin desarrollo.
Vámonos, pues, por eso, a comer yerba,
Carne de llanto, fruta de gemido,
Nuestra alma melancólica en conserva.
Vámonos! Vámonos! Estoy herido;
Vámonos a beber lo ya bebido,
Vámonos, cuervo, a fecundar tu cuerva.


Medialuz

He soñado una fuga. Y he soñado
tus encajes dispersos en la alcoba.
A lo largo de un muelle, alguna madre;
y sus quince años dando el seno a una hora.

He soñado una fuga. Un "para siempre"
suspirado en la escala de una proa;
he soñado una madre;
unas frescas matitas de verdura,
y el ajuar constelado de una aurora.

A lo largo de un muelle...
Y a lo largo de un cuello que se ahoga!



Para el alma imposible de mi amada

Amada: no has querido plasmarte jamás
como lo ha pensado mi divino amor.
Quédate en la hostia,
ciega e impalpable,
como existe Dios.

Si he cantado mucho, he llorado más
por ti ¡oh mi parábola excelsa de amor!
Quédate en el seso,
y en el mito inmenso
de mi corazón!

Es la fe, la fragua donde yo quemé
el terroso hierro de tanta mujer;
y en un yunque impío te quise pulir.
Quédate en la eterna
nebulosa, ahí,
en la multicencia de un dulce no ser.

Y si no has querido plasmarte jamás
en mi metafísica emoción de amor,
deja que me azote,
como un pecador.





quarta-feira, 2 de setembro de 2009

Por una foto más...

Aranha à vista… ali, no promontório






Sagres é o desafio da terra feito à imensidão mar, é como que uma provocação às fúrias das ondas, e uma ameaça a tanto azul.
Andava eu feito turista, e entre rajadas furiosas de ventos, intensas, protestantes, sem fim, ganhava coragem e tirava mais uma foto. A um canhão, ao mar sem fim, ao veleiro que longe navega, à imponência das alturas em rochas beijadas num fundo que parecia irreal, por vagas de espuma e sopros de azul.

Cheguei-me á beira, mesmo à beirinha e senti um arrepio. Profundo, as rajadas de um vento que sempre ali fustigam sem piedade a terra, uma sensação de abismo sem quaisquer limites, sem fim, parecia sorver-me, às entranhas da terra. Entre mim, e tudo o que podia ver lá em baixo, parecia um céu inteirinho entre a terra e o mar.
Quando me retirava, procurando afastar essa visão assustadora, não pude deixar de a encontrar, uma esplêndida teia de aranha se espraiava, como se fosse um véu aberto sobre o mar. E a dita, laboriosa andava por ali, na caça.
Que medo… apontar a máquina, procurando audaciosamente aproximar-me o mais possível, não podendo, nem num único espacito de um segundo deixar de sentir todo aquele azul lá em baixo. Sentia tudo isso, as correntes de ar, fustigando o promontório, as aves por de baixo esvoaçando, e sempre o azul, e mais azul, e as neblinas.

Parecia estar pendurado no céu, com a maquineta dos retratos na mão – olhos esbugalhados, coração a bater forte – enquanto imaginava já uma foto bem conseguida. E clickei, uma e ainda mais outra vez, e confesso, senti que cometera um feito, quanto mais não seja de pequeno aventureiro. Ou de aloucado irresponsável.

São, todavia, estes momentos que nos fazem perceber que algo dentro de nós nos faz suplantar a coisa simples, enriquecendo este corpo com insondável magia, ou alma, ou rasgos de loucura a que chamamos coragem.

E tudo isto por uma simples foto. De uma aranha? A sério? Que loucura…

terça-feira, 1 de setembro de 2009

Fortaleza de Sagres







Fortaleza de Sagres

De Wikipedia, la enciclopedia libre



La Fortaleza de Sagres, también conocida como Castillo de Sagres o Fuerte de Sagres, se sitúa al suroeste del Algarve (Portugal), en posición dominante, coronando el promontorio (punta o cabo) de Sagres. De sus escarpados acantilados, constantemente batidos por el viento, el visitante disfruta de una deslumbrante panorámica a lo largo de la costa, con especial mención a las ensenadas de Sagres, el cabo de San Vicente (extremo suroeste del continente europeo) y a la inmensidad del Océano Atlántico.
La propia fortaleza y sus inmediaciones, integradas en el Parque Natural del Suroeste Alentejano y Costa Vicentina, ofrecen la posibilidad de una vista próxima al patrimonio natural de la costa, especialmente en lo que se refiere a la flora, albergando alguna de las especies más representativas de la región (como por ejemplo el astrágalo, la margarita de mar, la sabina, el polio vicentino, el esparto, el puerro, las malvas y el perejil de mar).

Historia
El Promontorium Sacrum

No existe la certeza acerca de cuál sería la localización exacta de este promontorio sagrado que en mucho impregnó de historia el lugar de la fortaleza, pero es posible identificar, en líneas generales, un área que se prolongaría desde la punta de la Piedad a la Arrifana, comprendiendo el cabo de San Vicente y el cabo de Sagres. Este espacio, por muchos designado como el fin del mundo conocido, donde se iniciaban las tormentas, integra hasta hoy una de las mayores áreas de menhires y construcciones megalíticas de Europa. Visitada por navegadores oriundos del mar Mediterráneo desde alrededor del 4000 a. C., fue citada desde la Antigüedad clásica por Avieno, Estrabón y Plinio como un área dedicada al culto a Saturno o Hércules, divinidades de fuerte connotación con el mundo marítimo. Posteriormente, durante la ocupación islámica de la península Ibérica, se acentuó su carácter de lugar de peregrinación, denominándose entonces Chakrach, habiendo contribuido mucho a ello la leyenda de las reliquias del mártir cristiano San Vicente de Zaragoza.

La Villa del Infante
El promontorio de Sagres, así como las villas adyacentes de San Vicente y Sagres, fueron donadas el 27 de octubre de 1443, por el regente Pedro, duque de Coimbra a su hermano, Enrique el Navegante (1394-1460). La villa de Sagres, entonces abandonada y en ruinas en razón de las razias de los piratas berberiscos, fue, a partir de entonces, reconstruida y repoblada, incluso en lo tocante a su defensa. Esta reedificación, por parte del Infante, obedeció a algunos dictámenes esenciales:
• la necesidad de que las embarcaciones de la época debían refugiarse de los vientos en las ensenadas vecinas, aguardando a vientos favorables a la navegación.
• los imperativos de la logística (embarcaciones, mantenimientos, marineros) de la primera fase de los Descubrimientos.
• la comodidad del control del tráfico marítimo, por ser Sagres punto de paso obligatorio de las embarcaciones que cruzaban del Mediterráneo al Atlántico y viceversa.
• la seguridad y aislamiento necesarios para el procesamiento de las informaciones recogidas al inicio del proyecto de expansión portugués que se extendía por el norte de África.
La fortificación de la punta del promontorio fue determinada por su localización y forma, aprovechando el acantilado como defensa natural en tres de sus cuatro lados, íntimamente ligada a sus excelentes posibilidades estratégicas que se integran en los dictámenes anteriormente citados.
De esta forma, el Sagres de la primera mitad del siglo XV se convirtió en el núcleo de la expansión marítima portuguesa, recibiendo estudiosos y navegantes de todas las nacionalidades, reunidos en torno a don Enrique en la Escuela de Sagres. Esta historia fue contestada por Luís de Albuquerque en "Dúvidas e Certezas na História dos Descobrimentos Portugueses" (Lisboa, 1990, Páginas 15 a 27), que demostró tratarse de un mito.
Después de la muerte de don Enrique (1460), el eje de la expansión se trasladó a Lisboa, por lo que la fortificación y su población perderían importancia. Como resultado de la distancia entre la Villa del Infante y la Aldeia do Bispo, donde se celebraban los servicios religiosos, Manuel I de Portugal (1495-1521) determinó la creación de la freguesia de Sagres y la edificación de la iglesia matriz (1512). Más tarde, en 1573, Sebastián de Portugal (1568-1578) adosó dos baluartes en los extremos de la muralla ya existente, elementos cruciales en la arquitectura militar tras el advenimiento de la artillería, colocados estratégicamente en lugares que optimizaban el tiro cruzado.



La Dinastía Filipina y la restauración de la independencia
Prosiguiendo con las reformas iniciadas en el reinado de D. Sebastián, la época de la Casa de Austria en Portugal, que se inició con el reinado en Portugal de Felipe II de España (1580-1598), se determinó la edificación de una torre (o Torreón central) en el interior de la fortificación, permitiendo la conexión con la puerta de entrada a través de un túnel y colocando en la cima una plataforma para artillería, aumentando con ello la capacidad defensiva de la estructura.
En el contexto de las disputas entre las Coronas da España y de Inglaterra, en el escenario internacional de finales del siglo XVI, la armada del corsario Francis Drake atacó la región de Sagres (1587), que fue violentamente saqueada e incendiada. En el ataque, sufrieron severos daños las fortificaciones de la Baleeira, de la Beliche y de la San Vicente. Una imagen del ataque inglés, actualmente en la Biblioteca del Museo Británico, retrata las fortificaciones de la región en la época (1587), evidenciando su carácter de transición de la Edad Media, a la arquitectura militar moderna. En lo tocante a la Fortaleza de Sagres, se reconoce, desde el exterior:
• un pequeño baluarte cuadrangular de fajina, con la función de asegurar la primera línea de defensa;
• una muralla de mampostería de piedra, con forma de dientes de sierra y una extensión aproximada de 180 metros, encimada por almenas, cerraba el istmo de lado a lado;
• dos baluartes bajos, con almenas, posicionaban en cada extremidad de la muralla;
• en el centro de la cortina se abría una pequeña puerta, dando acceso a dos pequeños patios amurallados y almenados, con puertas alternadas, a la manera de los castillos medievales;
• en el interior se disponía la Plaza de Armas, rodeada de un conjunto de habitaciones conectado por una cortina a las murallas laterales, conjunto ese dominado por un cubelo en la extremidad opuesta, y la antigua Iglesia de Santa María.
Tras el asalto de Drake, se planteó la modernización de la fortificación manuelina. En 1621, Alexandre Massai, un ingeniero militar napolitano, presentó un proyecto para la construcción de nuevos baluartes con mayor capacidad defensiva, pero no fue concretado. No fue hasta 1631 que se determinó la restauración de las murallas arruinadas, por Felipe IV (1621-1640). Las obras fueron iniciadas al año siguiente, aprovechándose trechos de las antiguas murallas y levantándose baterías renacentistas, obras que proseguirían tras la restauración de la independencia portuguesa, en el reinado de Juan IV de Portugal (1640-1656). Entretanto, las nuevas murallas exteriores permanecieron incompletas, coexistiendo con las antiguas murallas enriquinas.

El siglo XVIII y el terremoto de 1755
La fortaleza fue seriamente dañada por el tsunami que provocó el terremoto de 1755, cuando la gigantesca ola producida superó la altura del peñasco. El estado de ruina, provocado por el tiempo y por los elementos, se prolongó hasta el reinado de María I de Portugal (1777-1816), cuando esta soberana ordenó la reconstrucción de la estructura. Para ello, fueron demolidas las antiguas murallas medievales y, entre 1793-94, terminadas las obras del nuevo trazado de murallas. Adecuadas a las necesidades de defensa de la época, eran más bajas y compactas empleando argamasa de reboco para absorber mejor el impacto de los proyectiles de la artillería de la época. En las extremidades se erigieron dos medio-baluartes, artillados. En el interior del terraplén, un torreón central sustituyó el antiguo cubelo filipino.
Los continuos conflictos en el siglo siguiente hicieron que la fortaleza de Sagres asumiese un importante papel de coordinación en toda la línea defensiva del oeste del litoral del Algarve.


Las restauraciones del siglo XX
Clasificada como Monumento Nacional por Decreto de 16 de junio de 1910, los trabajos de restauración promovidos en las décadas de 1950 y 1960 descaracterizaron la estructura al procurar devolverle la configuración quinhentista original. Las edificaciones del lado izquierdo fueron reconstruidas conforme a aquellas diseñadas en la iconografía del ataque de Drake, con un piso terreno y una chimenea por división. Fue colocada al descubierto, en esta fase, la llamada Rosa de los vientos.
En la década de 1980, face a la degradación del conjunto y buscando adecuar la utilización del sitio a los presupuestos de la Carta de Veneza (posibilitando la acogida de turistas), fue lanzado un concurso para la restauración de la Fortaleza de Sagres. El proyecto vencedor, del arquitecto João Carreira, a pesar de una década de polémica suscitada por la naturaleza de la nueva intervención, introdujo en Portugal la discusión de la reutilización de los monumentos, en virtud de la compatibilidad de las nuevas estructuras con la memoria del pasado.
Actualmente, la Fortaleza de Sagres se encuentra abierta diariamente al público. Además de poderse apreciar las estructuras anteriores al siglo XVIII, recuperadas, modernas intervenciones permiten visitar las diversas áreas del promontorio. Hay además un centro de exposiciones, un centro de multimedia, tiendas de artículos culturales y una cafetería.



De Wikipedia, la enciclopedia libre







segunda-feira, 31 de agosto de 2009

Batalla de Aljubarrota






Introducción

Al final del siglo XIV, Europa se encontraba en medio de una época de crisis y revolución. La Guerra de los Cien Años devastaba Francia, epidemias de peste negra se llevaban vidas en todo el continente, la inestabilidad política dominaba y Portugal no era una excepción.

El 22 de octubre de 1383 moría el rey Fernando I de Portugal sin hijos varones que heredasen la corona. Su única hija era la infanta doña Beatriz que había casado con Juan I de Castilla, quien de inmediato reclamó sus derechos sobre el trono portugués, mientras la reina madre, Leonor Téllez, asumía la regencia. La burguesía se mostraba insatisfecha con la regencia de la reina doña Leonor Teles y de su favorito, el conde Andeiro. La proclamación de Beatriz y Juan I como reyes de Portugal provocó una violenta reacción en los medios nobiliarios y burgueses lusitanos, ya que se temía que la unión dinástica desembocara en una anexión efectiva de Portugal por el rey castellano. A principios de diciembre de 1383 estalló la primera insurrección popular en Lisboa contra los nuevos reyes. El conde Andeiro fue muerto y el pueblo pidió al maestre de la Orden de Avis, hijo natural de Pedro I de Portugal, que fuese regente y defendiera del país.

El periodo de interregno que siguió es conocido como la crisis de 1383-1385. Finalmente el 6 de abril de 1385, don Juan, maestre de la Orden de Avis, es aclamado rey por las Cortes reunidas en Coímbra. Pero el rey de Castilla no renunció a su derecho a la corona portuguesa, que le venía por su casamiento. En junio invade Portugal al frente de su ejército, auxiliado por un contingente de caballería francesa.

La disposición de las huestes portuguesas

Cuando las noticias de la invasión llegaron, Juan I de Portugal se encontraba en Tomar, en compañía de Nuno Álvares Pereira, condestable del reino, y de su ejército. La decisión, tomada tras algunas dudas iniciales, fue enfrentarse a los castellanos antes de que pudiesen llegar a Lisboa.

Con sus aliados ingleses, el ejército portugués interceptó al ejército castellano en Leiria. Dada la lentitud con que los castellanos avanzaban, Nuno Álvares Pereira tuvo tiempo para escoger un terreno favorable para la batalla, asistido por los expertos ingleses. La opción recayó sobre una pequeña colina de cima plana rodeada por riachuelos, cerca de Aljubarrota. Hacia las 10 de la mañana del 14 de agosto, el ejército tomó posiciones en la vertiente norte de la colina, de frente a la carretera por dónde los castellanos eran esperados. Siguiendo el mismo plan de otras batallas del siglo XIV (Crécy y Poitiers son buenos ejemplos), las disposiciones portuguesas fueron las siguientes: caballería desmontada e infantería en el centro de la línea rodeadas por los flancos de arqueros ingleses, protegidos por obstáculos naturales (en este caso ríos). En la retaguardia, aguardaban los refuerzos mandados por Juan I de Portugal en persona. En esta posición, altamente defensiva, los portugueses esperaron la llegada del ejército castellano protegidos por la vertiente de la colina.

La llegada de los castellanos

La vanguardia del ejército castellano llegó al teatro de la batalla al mediodía, bajo el sol inmisericorde de agosto. Al ver la posición defensiva ocupada por lo que ellos consideraban rebeldes, el rey de Castilla tomó la acertada decisión de evitar el combate en estos términos. Lentamente, debido a los 30.000 soldados que constituían sus efectivos, el ejército castellano comenzó a rodear la colina por el camino del lado del sol naciente. Las patrullas castellanas habían verificado que la vertiente sur de la colina tenía un desnivel más suave y era por ahí por donde pretendían atacar.

En respuesta a ese movimiento, el ejército portugués invirtió su disposición y se dirigió a la vertiente sur. Ya que estaban en inferioridad numérica y tenían un camino más corto que recorrer, el contingente portugués alcanzó su posición final al inicio de la tarde. Para evitar nerviosismos y mantener la moral elevada, Nuno Álvares Pereira ordenó la construcción de un conjunto de trincheras y cuevas en frente de la línea de infantería. Esta táctica defensiva, muy típica de los ejércitos ingleses, fue tal vez una sugerencia de los aliados británicos presentes sobre el terreno.

Hacia las seis de la tarde, los castellanos estaban preparados para la batalla. De acuerdo con el registro escrito por el rey de Castilla tras la batalla, sus soldados estaban bastante cansados tras un día de marcha en condiciones de mucho calor. Pero no había tiempo para volver atrás y la batalla comenzó.

La batalla

La iniciativa de comenzar la batalla partió de Castilla, con una típica carga de la caballería francesa: a toda a brida y con fuerza, para romper la línea de infantería adversaria. Mas, tal como sucedió en la batalla de Crécy, los arqueros ingleses colocados en los flancos y el sistema de trincheras hicieron la mayor parte del trabajo. Mucho antes de ni siquiera entrar en contacto con la infantería portuguesa, la caballería ya se encontraba desorganizada y confusa, dado el miedo de los caballos a avanzar por terreno irregular y la eficacia de la lluvia de flechas que caía sobre ellos. Las bajas de la caballería fueron grandes y el efecto del ataque nulo. La retaguardia castellana demoró en prestar auxilio y en consecuencia, los caballeros que no murieron fueron hechos prisioneros.

Tras este percance, la restante, pero substancial parte del ejército castellano entró en la contienda. Su línea era bastante extensa, por el gran número de soldados. Al avanzar en dirección a los portugueses, los castellanos fueron forzados a desorganizar sus propias líneas para caber en el espacio situado entre los dos ríos. En cuanto los castellanos estuvieron desorganizados, los portugueses redispusieron sus fuerzas dividiendo la vanguardia de Nuno Álvares en dos sectores, para afrontar la nueva amenaza. Viendo que lo peor todavía estaba por llegar, Juan I de Portugal ordenó la retirada de los arqueros y el avance de la retaguardia a través del espacio abierto en la línea de frente. Fue en ese momento en que los portugueses tuvieron que llamar a todos los hombres y se tomó la decisión de ejecutar a todos los prisioneros franceses.

Atrapados entre los flancos portugueses y la retaguardia avanzada, los castellanos lucharon desesperadamente por la victoria. En esta fase de la batalla, las bajas fueron muy grandes por ambos lados, principalmente del lado castellano y en flanco izquierdo portugués, recordado con el nombre Ala de los enamorados. A la puesta del sol, la posición de los castellanos ya era indefendible y con el día perdido, Juan I de Castilla ordenó la retirada. Los castellanos se retiraron en desbandada del campo de batalla. Los soldados y el pueblo de los alrededores seguían el desenlace y no dudaron en matar a los fugitivos.

De la persecución popular surgió una tradición portuguesa en torno a la batalla: una mujer, de nombre Brites de Almeida, recordada como la Panadera de Aljubarrota, muy fuerte y con seis dedos en cada mano, emboscó y mató con sus propias manos a muchos castellanos en fuga. Esta historia no es más que una leyenda popular, pero la masacre que siguió a la batalla es histórica.

El día siguiente

En la mañana del 15 de agosto, la magnitud de la derrota sufrida por los castellanos quedaba patente: los cadáveres eran tantos que llegaron a interrumpir el curso de los ríos que flanqueaban la colina.

Las pérdidas humanas fueron cuantiosas, muchos de los caídos, como Pedro González de Mendoza, Señor de Hita y Buitrago, Juan Téllez de Castilla, Señor de Aguilar de Campoo, o Diego Gómez Manrique, Señor de Amusco y Treviño, pertenecían al más alto escalafón social y nobiliario, lo que causó luto en Castilla hasta 1387.

La caballería francesa sufrió en Aljubarrota una derrota más en contra de tácticas defensivas de infantería, tras Crécy y Poitiers. La batalla de Azincourt, ya en el siglo XV, mostró que Aljubarrota no fue el último ejemplo.

Con esta victoria, Juan I se convirtió en rey indiscutido de Portugal, el primero de la casa de Avis. Para celebrar la victoria y agradecer el auxilio divino que creía haber recibido, Juan I de Portugal mandó erigir el monasterio de Santa María de la Victoria (monasterio de Batalla) y fundar la villa de Batalla (Batalha).

Bibliografía

• A.H. de Oliveira Marques, Historia de Portugal, vol. 1, Lisboa, Presença, 1997
• Fernão Lopes, Crónica de D. João I, vol. 1, s.l., Civilização, imp. 1994.
• João Gouveia Monteiro, Aljubarrota: 1385: a batalha real, Lisboa, Tribuna da História, imp. 2003




domingo, 30 de agosto de 2009

MONASTERIO DE SANTA MARÍA DE LA VICTORIA – Batalha










El monasterio de Santa María de la Victoria fue mandado construir por el rey João I, en cumplimiento del voto que efectuo el 14 de Agosto de 1385 a Nuestra Señora, en caso de vencer al ejército castellano. La confrontación, ocurrida esse dia en Aljubarrota, al sur de Batalha, fue ganada por el rey português, que se apresuró a cumplir su promesa. Así, el Monasterio representaba, desde su inicio, el símbolo de la independência portuguesa, legitimador de la dinastia de Avis que se iniciaba com João I.
La magnificência, del proyecto, la novedad que sus soluciones estéticas y los maestros elegidos manifestan a la perfección la importância que el Monasterio de batalha tuvo para su fundador. El inicio de las obras debió de ser en 1386, prolongándoso, por lo menos en lo que respecta a las intervenciones de mayor envergadura, hasta las dos primeras décadas del siglo XVI, en pleno reinado del rey Manuel I. Mientras tanto, en 1388, el rey João I entrego el monasterio a los dominicos, que permanecieran en el mismo hasta la extinción d las ordenes religiosas en el siglo XIX. La escuela de estúdios teológicos que los dominicos estabelecieron en el momnasterio, aprovechando la amplitud de las instalaciones y su relativo aislamiento, fue también una importante contribución para el engrandecimiento del mismo.
El programa del Monasterio de Batalha fue planificado y ejecutado por los dos primeros arquitectos, el português Afonso Domínguez y el catalán (?) Huguet. El primero de ellos debia de ser, ya que el rey le entregaba una obra de tal responsabilidad, el arquitecto português más prestigioso del momento. Además de concebir todo el proyecto, inicio la iglesia, la sala capitular y las galerias sur y este del claustro de João I. Su propuesta estética respecta los valores plásticos vigentes entonces en Portugal, de línea un tanto arcaizante, contrastando com la intervención del segundo arquitecto que, asimiendo la dirección de las obras de Batalha en 1402, introdujo las evolucionadas líneas del tardo-gótico. Concluyó las obras iniciadas elevando las bóvedas, dibujó el programa de la fachada principal, com un portal de iconografia esplendorosa, completo el claustro y termino la coberturade la sala capitular, realizando una bóveda única cuyas dimensiones sorprenden aún hoy en dia por su arrojo técnico.
En las capillas funerárias añadidas al proyecto inicial – la del Fundador, ordenada por João I, y las Imperfectas, por su hijo el rey Duarte -, Huguet pudo dar libré curso a su temperamento crativo, alzando dos construcciones de gran cualidad. Pero la muerte prematura del reyimpidió que las capillas Imperfectas se conclyesen, motivando una última intervención del rey Manuel I, a princípios del siglo XVI, para acabarlas. Aunque ni aún com esta intervención fue posible terminar si construcción, esta ultima intervención doto a las Capillas Imperfectas de uno de los momentos más creativos del arte manuelino, particularmente en su feérico portal, concebido en feliz momento por el arquitecto Manuel Fernandes.
En la segunda mitad del siglo XV fue añadido un segundo claustro al Monasterio – el claustro Afonso V-, construído por el arquitecto Fernão de Évora, entre 1448 y 1477. Su sencillez contrasta com la exhuberancia del claustro de João I, apelando a un misticismo que indicaba la necesidad de cambio al nível vital del cristianismo que se sentia un poco por toda Europa.
La calidad arquitectónica del Monasterio de Batalha se compelta com las vidrieras, que fueron realizadas por primera vez en Portugal, de mano de vidrieros alemanes. En 1983 fue incluído por UNESCO en la lista de Patrimonio Mundial.


Puerta principal de la Iglesia




Concebida por el maestro Huguet, su riqueza iconográfica só tiene paralelo com programas idênticos de las grandes catedrales góticas europeas: en las jambas, los apostoles conducen a Cristo, en el tímpano, este se halla rodeado, por los cuatro evangelistas, mientras que en las arquivoltas se disponen vírgenes, mártires, papas, obispos,reyes de Judá, profetas y ángeles músicos, según una prefiguración de jerarquia celestial.

Naves de la Iglesia








La nave central de la Iglesia de Batalha, una de las mayores iglesias de Portugal, tiene una elevación de 32,5 metros. Esta elevación se ve acentuada por las densas columnas que, formando um muro visual continuo, proporcionan un sentido ascensional del espacio. La bóvedave nervios, com grandes claves decoradas, se debe a Maestro Huguet.

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